La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en todo el planeta. Y puede estar originada por múltiples factores: desde el tabaquismo a la diabetes pasando por la presión arterial alta y la obesidad, la contaminación del aire o patologías menos comunes, como la enfermedad de Chagas o la amiloidosis cardíaca.

En los tiempos de la COVID-19, los pacientes con enfermedad cardiovascular (ECV) se enfrentan a una doble amenaza. No solo están expuestos a un mayor riesgo pudiendo desarrollar formas más graves de la COVID-19, sino que también es posible que descuiden la atención médica que requiere su corazón por temor a acudir a un centro donde se pueda producir el contagio.

El objetivo, como cada año, es de concienciar sobre las enfermedades cardiovasculares, su prevención, control y tratamiento.

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo. Los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares se cobran más de 17 millones de vidas al año. Y se estima que la cifra ascenderá a 23 millones para el año 2030.

Una gran proporción de estas muertes podría evitarse con una alimentación saludable que reduzca el consumo de sal, con ejercicio físico y evitando el consumo de tabaco.


Principales enfermedades que afectan el corazón

Existen muchas afecciones del corazón, aunque las más comunes son:

- Ataque al corazón o Infarto de Miocardio: se caracteriza por el estrechamiento de los vasos sanguíneos encargados de llevar sangre al corazón.
- Enfermedades cerebro-vasculares: es causado por el sangrado intracerebral o por un coagulo de sangre depositado en el cerebro.
- Hipertensión: es la presión arterial alta, y se trata de uno de los mayores riesgos de padecer un infarto.
- Angina de pecho: es un tipo de dolor de pecho provocado provocado por la reducción del flujo sanguíneo al corazón.
- Arritmia: es una alteración del ritmo cardíaco.
- Insuficiencia cardíaca: sucede cuando el corazón no es capaz de bombear la sangre suficiente para cubrir las necesidades del organismo.

¿Cómo cuidar tu corazón?

La OMS pretende persuadir a las personas en todo el mundo de que se puede hacer un cambio positivo y cuidar tu corazón y el de tus seres queridos, con un compromiso para nuestra salud.

Algunas de las cosas que puedes hacer para cuidar tu corazón son:

- Cocinar y comer sano: dieta mediterránea evitando el consumo de grasas saturadas y aumentando la ingesta de Omega 3 y pescado. Intentar comer 5 porciones de fruta y vegetales al día.
- Hacer ejercicio físico, al menos media hora diaria.
- Limitar el consumo de sustancias perjudiciales como la sal, el tabaco o el alcohol.
- Intenta limitar el consumo de alimentos procesados y envasados ya que suelen tener un alto contenido en sal, azúcar y grasa.
- Controlar el colesterol.
- Controlar tu peso, la obesidad es un riesgo cardiovascular importante.
- Al dejar de fumar (o no empezar a fumar) mejora tu salud y la de aquellos que te rodean.


Hipertensión: uno de los mayores riesgos de padecer un infarto

¿Cómo estamos con la hipertensión arterial en la Argentina?
Por el Dr. Ricardo Lopez Santi, Director del programa Procordis de FBA


Durante las últimas cuatro décadas del siglo XX se ha consolidado el concepto de Riesgo Cardiovascular Global, a partir del conocimiento creciente respecto del comportamiento de los denominados factores de riesgo y su relación con la obstrucción de las arterias de los órganos vitales como son el cerebro y el corazón.


En este camino, la investigación clínica se encargó de realizar aportes esenciales mediante diferentes tipos de estudio. Estos caminos nos han conducido de manera inexorable a encontrar en la Hipertensión arterial (HTA) a uno de los principales artífices de las discapacidades y muertes en el mundo entero.


Según las Encuestas Nacionales de Factores de Riesgo (ENFR) la prevalencia de la HTA en Argentina se ha mantenido estable en los últimos 10 años con cifras que rondan el 34%. Es decir que uno de cada tres argentinos es hipertenso.


Sin embargo, un aspecto alentador lo constituye que la misma fuente haya determinado que mirando a los individuos que se han controlado la presión arterial en los últimos dos años el porcentaje creció del 78,7% en 2005 al 92,7% en 2013, lo que implica una mayor conciencia respecto de la enfermedad. Uno de los aspectos del mal control de la HTA reside en que muchos hipertensos no saben que lo son.


Otro aspecto positivo relevante en el control de esta patología lo constituye la disminución en el consumo de sal por parte de la población. El excesivo consumo de sodio que realizamos los argentinos (en promedio 2 ½ veces más de lo recomendado) es uno de los factores que agrava el cuadro impidiendo el adecuado control. De acuerdo a la última ENFR los que le agregan sal al plato ya elaborado han disminuido del 25,3% en el 2009 a 17,3% en el 2013. Sin lugar a dudas mucho han contribuido las legislaciones respecto de retirar los saleros de las mesas de los restaurantes, los acuerdo con sectores como el panadero para hacer productos con menos sal o la difusión respecto de sales con menor contenido de sodio.


Es importante también crear conciencia de que la hipertensión arterial no sólo afecta a los individuos adultos; recientemente dos estudios realizados en población juvenil han mostrado que el 2 % de los niños y entre el 6 % y el 15 % de los adolescentes son pre hipertensos o hipertensos. Por ese motivo hay que tener una mirada muy amplia sobre este flagelo comprendiendo que los cambios de hábitos de la población como el sedentarismo y el crecimiento sostenido de la obesidad son aspectos cruciales que llevan a que los esfuerzos realizados desde la salud pública todavía no se expresen en los indicadores de prevalencia.


Dentro de las estrategias de prevención se encuentran la promoción de la actividad física en todas sus formas abarcando todos los grupos poblacionales sin distinción de edad y sexo y en el mejoramiento de la alimentación basado en mayor consumo de frutas y verduras.


Para aquellos que ya han desarrollado la enfermedad se suman a las acciones referidas, diferentes fármacos que hoy han demostrado probada eficacia y que en su combinación permiten el control de las cifras por debajo de 140/90 mmHg, que es el límite superior normal.


El camino está muy claro y pasa por el control periódico de la presión arterial para detectar las alteraciones precozmente, hábitos de vida saludable (actividad física, alimentación sana, no tabaco) y adecuado tratamiento farmacológico cuando es preciso.